martes, 13 de diciembre de 2016

Miedo...

Hace ya unas semanas que me lleva rondando un sentimiento de inquietud al cual no había querido hacer caso. Lamentablemente esa sensación hoy ya sí se ha hecho latente.
Después de veintinueve años de socio/abonado he vivido diferentes épocas del Atleti, unas mejores (doblete, Copas, luchas por la Liga), otras peores (la interminable travesía del desierto de diez años desde el desierto hasta la primera Europa) League) y la de estos últimos cinco años, que ha sido excelsa, la mejor de nuestra historia (una Liga, 2 finales de Champions), en la que más allá de los títulos y las hazañas conquistadas, se ha competido siempre. Cada minuto. Cada entrenamiento. Cada partido...
Cuando uno ha estado rozando el cielo durante estos últimos cinco años, gracias a aquel que cogió a una banda y la transformó en un EQUIPO, es inevitable sentir miedo. Miedo a volver a la nada, a volver al desierto, al páramo de emociones, a la pléyade de fichajes de clase mundial en agosto que se convierten en tomaduras de pelo en octubre. Miedo a no sentir otra vez ese cosquilleo previo a las grandes gestas en España y en Europa... Miedo al vacío...
No quiero ser catastrofista. De verdad que no. Siempre creeré en esta plantilla que nos ha dado tantas satisfacciones, y no digamos ya del entrenador, pero de un tiempo a esta parte falta determinación, carácter, concentración, solidaridad y acierto de cara a gol. No sé por qué. Hoy, a todo lo anterior, hay que añadir una dosis de histerismo, que no ha sido más que el reflejo de todo lo que se ha vivido este fin de semana con el nombre del nuevo estadio y el nuevo escudo. Porque si algo tengo claro después de estos veintinueve años de socio, es que únicamente cuando todos hemos estado unidos como si fuéramos uno solo es cuando se han conseguido los mejores logros.
No sé si en Milán se rompió algo dentro de todos nosotros que ya nadie es capaz de arreglar. Hoy he sufrido una regresión a ese vacío vivido. Confiemos en que no, pero a mí el miedo, después de lo de hoy, ya no me lo quita nadie. Será que después de probar el caviar, no quiero volver a las huevas de lumpo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Cuando una mentira se repite muchas veces…

Resulta curioso como una mentira repetida muchas, en este caso por los gurús de la prensa futbolística española, puede llegar a calar en la opinión del aficionado medio de tal manera que finalmente se llega a convertir en una verdad. Y es que desde el fatídico 28 de mayo, no hemos parado de escuchar barbaridades respecto a Oblak y a su nula capacidad para detener penaltis. El mismo que paró dos penaltis en la tanda de octavos de final de la Champions 2014-2015, contra el Bayer Leverkusen. El mismo que le paró otro a un tal Thomas Müller, en la vuelta de unas semifinales también de Champions, nada menos que en el Allianz Arena. Y el mismo que empezó a encarrilar la clasificación a octavos de final de la presente edición de la Champions en su primer partido en el Philips Stadium.

La dupla Gabi-Tiago en el mediocentro ha reafirmado el equilibrio y la solidez del centro del campo que ya vimos el pasado miércoles contra el PSV. No obstante, sufrieron en los veinte primeros minutos de partido, en los cuales ante el empuje de Osasuna a base de intensidad y balones largos buscando las segundas jugadas en la frontal del área, ambos se incrustaron demasiado atrás. Ello se tradujo igualmente en dificultades a la hora de sacar el balón jugado desde atrás, a lo que Simeone intentó contrarrestar haciendo bajar a Koke a ayudar a la salida del juego durante esos primeros minutos.

Lucas Hernández, simplemente inconmensurable. No es nada fácil suplir a un jugador tan importante como Filipe Luis e interpretar tan bien lo que implica ser lateral en este equipo. No solamente estuvo impecable al corte, sino que no dudó en subir al ataque cuando la situación lo requería, demostrando una vez más una madurez impropia de su edad y sus horas de vuelo en la élite. Los hermanos Hernández darán mucho que hablar en el futuro, aunque el más joven, Theo, ya lleva haciéndolo desde que aterrizara en el Alavés en calidad de cedido.

Giménez. Claramente de menos a más. Muy nervioso al principio cometiendo un penalti infantil y realizando alguna que otra entrada a destiempo, pero cada vez más entonado con el paso de los minutos. Tuvo una muy clara poco antes del gol de Godín en otro córner y a partir de ahí nos recordó el que fue antes de aquel error en Riazor que nos costó dos puntos la temporada pasada.

Sin olvidarnos del balón parado, que tras diez meses de sequía volvió a abrir el marcador, con Diego Godín como protagonista. En resumen, una victoria muy importante después de las dudas generadas por las dos últimas derrotas consecutivas en liga, que hacen mirar el futuro con optimismo ante un calendario menos apretado y a priori más benévolo, pero eso será otra historia. Recuerden: partido a partido. Próxima parada... Guijuelo.


viernes, 2 de septiembre de 2016

Pensar y creer



Cinco días después del empate en Butarque he tenido tiempo de leer muchas opiniones y análisis sobre lo que le pasa al Atleti, pero muy pocos inciden en lo que, bajo mi humilde opinión, le ocurre al equipo tras ver estos dos primeros partidos de liga.

Lejos de cuestiones técnicas y tácticas que tanto se están utilizando estos días para atizar gratuitamente a Simeone por parte de la prensa e incluso por parte de un sector de la propia afición, los males que está sufriendo el equipo vienen originados porque aún no se ha superado lo que pasó en Milán. Aquella noche algo se rompió en todos nosotros y todavía estamos intentando arreglarlo. Desde el Cholo hasta el último atlético en el confín más recóndito de la Tierra. El famoso "tengo que pensar" se ha hecho extensible a cada uno de nosotros, y como tal, cada uno lo exteriorizamos de diferente manera, aunque no lo creamos. Rabia, frustración, ansiedad, deseos de volver al mes de abril. Porque el dolor fue muy grande. Demasiado... Y ver ese dolor reflejado de manera tan descarnada en aquel nos devolvió la ilusión y nos hizo creer de nuevo ha sido desgarrador. Sigue siéndolo porque creo que él tampoco lo ha superado.
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Pensar... precisamente ahí puede estar la solución: en dejar de hacerlo. Creo que lo que puede hacer que superemos este bache con más o menos celeridad va a estar en la capacidad que tengamos para dejar de pensar, en el doble pivote, en los cuatro medios, en poner a Gaitán y Carrasco juntos, en la falta de gol, en Gameiro, en Torres, en Costa... da igual. Para ser del Atleti no hay que pensar. Aquí no estamos para pensar, hay que creer, y punto. Pensando seguiremos llegando una décima tarde a los duelos, a los remates, a los cruces, a errar ocasiones claras. Hay que creer. Hay que creer en que vamos a ganar otra vez los duelos, en que vamos a llegar al remate por difícil que parezca, en que la primera ocasión que tengamos va a ir dentro.

Hay que creer en aquello y en aquel que nos ha llevado hasta aquí en estos últimos cuatro años y medio. En el que nos ha devuelto la fe. Esa fe es a la que nos tenemos agarrar y todo irá bien. Dejemos de pensar y volvamos a creer. Como dice Almudena Grandes, también atlética de pro, el verbo creer es un verbo especial, es el más ancho y más estrecho de todos los verbos.

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viernes, 26 de agosto de 2016

Sentimientos...

Hoy por fin me he decidido. Estos últimos días se había apoderado de mí una sensación creciente de plasmar los sentimientos que me está produciendo este inicio de una nueva temporada.

Y cuando ya se ha jugado un partido de liga y se ha sorteado la fase de grupos de la Champions, aquí estoy, intentando canalizar todos esos sentimientos amontonados entre el final de la temporada pasada y el reciente comienzo de esta. Y es que la providencia, la UEFA, sus famosas bolas frías, calientes o del tiempo sacadas por individuos afines que todos conocemos o lo que sea han conseguido que se pare el tiempo. Han hecho posible lo que tres meses de verano no han conseguido: que se difumine esa sensación de duelo que todos seguimos sufriendo en cierta manera.

De repente, desde ayer, en cuestión de de media hora, hemos vuelto a marzo, a abril, a mayo. Volvemos a viajar de Eindhoven a Munich, pasando por el Calderón, por el "nunca dejes de creer", por el "juntos hacia la victoria", por el "Atleti, yo te amo. Contigo a la final". Volvemos a llenar Madrid de banderas y pancartas rojiblancas. Volvemos a la primavera cuando vaya a empezar el otoño. Volvemos a despertar de este pesado letargo estival en el que nos sumimos aquel 28 de mayo... Sí, volvemos... Estemos seguros de que este sorteo es lo mejor que nos podía haber pasado, aunque los que lo han perpetrado piensen que no. Nos han hecho un favor. No nos conocen. Nos siguen sin conocer. Allá ellos.